Daniel Pantoja, doctor en Filosofía por la Universidad Diego Portales y la Universidad de Leiden (Países Bajos) obtuvo el Premio Cardinal Mercier 2026, que otorgan conjuntamente el Institut supérieur de philosophie (ISP) de la UCLouvain y el Hoger Instituut voor Wijsbegeerte (HIW) de la KU Leuven, en Bélgica. El trabajo distinguido es su tesis doctoral, Categorial Hylomorphism: An Inquiry into the Significance of Categories for the Doctrine of Hylomorphism through a Confrontation of the Ideas of Aristotle and Kant, defendida en Leiden en febrero de este año.
El premio reconoce obras recientes de metafísica, filosofía primera u ontología en su relación con el mundo contemporáneo, y pueden postular estudiantes, investigadores y profesores de cualquier país. Pantoja, actualmente Investigador Adjunto de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UDP, es el primer chileno en obtenerlo. La ceremonia de premiación se realizará durante el primer semestre de 2027, en una fecha por confirmar.
Para Rocío Garcés Ferrer, directora del Doctorado en Filosofía de la UDP, el reconocimiento da cuenta tanto de la calidad de la investigación como del esfuerzo que implicó su desarrollo. “Creo que es un reconocimiento muy merecido porque Daniel ha estado trabajando con muchas dificultades, mucho tiempo y dedicación en esta tesis”, señala.
“Es un premio muy específico porque valora trabajos desarrollados en torno a problemas metafísicos y ontológicos, que era la base de su investigación. Poder publicar su tesis como libro en la editorial De Gruyter y recibir el Premio Cardinal Mercier han sido dos noticias excelentes y yo creo que muy merecidas para un trabajo de gran dificultad, de largo aliento y de mucho esfuerzo, como ha sido el trabajo realizado por Daniel”, agrega.
En la siguiente entrevista, Pantoja se refiere al significado del premio, explica la pregunta central de su investigación y adelanta las líneas de trabajo que se abren a partir de ella.
Daniel, ¿qué significa para ti recibir el Premio Cardinal Mercier por tu tesis doctoral?
Recibir el Premio Cardinal Mercier tiene un significado muy especial para mí. Es un reconocimiento con una larga historia en mi campo de investigación, la metafísica y la ontología, y lo otorgan conjuntamente la KU Leuven y la UCLouvain, dos de las universidades de mayor tradición filosófica de Europa.
A este premio postulan también obras de filósofos consagrados: entre quienes lo han recibido figuran Nicholas Rescher, Renaud Barbaras y Paul Humphreys. Que me lo hayan otorgado por una tesis doctoral, apenas unos meses después de defenderla, lo hace todavía más significativo.
Tu tesis aborda dos conceptos centrales de la metafísica: las categorías y el hilemorfismo. ¿Podrías explicar cuál es la pregunta central que buscaste responder?
Desde Aristóteles, muchos filósofos han sostenido que las cosas están compuestas de materia y forma, una doctrina conocida como hilemorfismo. Una casa, por ejemplo, está hecha de ladrillos, madera y cemento —su materia—, pero lo que la hace una casa es la manera en que esos materiales están dispuestos —su forma—.
Ahora bien, no todo se compone de la misma manera: una molécula, un organismo y un ecosistema son unidades de tipos muy distintos.
La pregunta central de mi investigación es si esas diferencias dependen de las categorías, es decir, del mapa más básico de la realidad: los tipos fundamentales de entidades que reconocemos en el mundo, como cosas, cualidades o relaciones.
Para responderla, puse en diálogo a Aristóteles, que formuló por primera vez las doctrinas de las categorías y del hilemorfismo, y a Kant, que reformuló ambas de manera radical.
Lo que descubrí es que las categorías de Aristóteles, centradas en las cosas individuales, permiten explicar cómo se compone cada cosa por dentro, mientras que las categorías de relación de Kant permiten explicar, además, cómo varias cosas se integran entre sí en unidades mayores. En términos generales, la arquitectura categorial que adoptamos condiciona cómo hemos de entender la composición de las cosas. A esta idea la llamo hilemorfismo categorial.
¿Qué aspectos de tu investigación crees que fueron especialmente valorados por el jurado? ¿Qué destacarías del proceso de investigación y del aporte para futuras investigaciones en este ámbito?
Creo que el jurado valoró, en primer lugar, la originalidad del trabajo. Las categorías y el hilemorfismo son dos temas clásicos de la metafísica, pero suelen estudiarse por separado. Mi trabajo muestra que las primeras determinan internamente al segundo y, a partir de ello, formula principios generales que toda teoría hilemórfica debería satisfacer. En segundo lugar, el resultado de la confrontación entre Aristóteles y Kant: lejos de competir, sus hilemorfismos se complementan. Por último, creo que también pesó que no se trate de un estudio puramente histórico, sino de una investigación que recurre a dos autores clásicos para intervenir en un debate vigente de la metafísica contemporánea, que es justamente lo que piden las bases del premio.
Del proceso de investigación destacaría la experiencia de realizar el doctorado entre Chile y los Países Bajos, gracias al convenio entre la UDP y la Universidad de Leiden. Trabajar en un entorno internacional me permitió discutir mis ideas con especialistas de distintas tradiciones filosóficas, y eso enriqueció enormemente el trabajo.
En cuanto al aporte para futuras investigaciones, el hilemorfismo categorial ofrece un marco que puede extenderse más allá de Aristóteles y Kant: hacia otros autores de la tradición, hacia los debates actuales de la metafísica analítica y hacia la ontología aplicada, es decir, los sistemas formales con que disciplinas como la biomedicina o la informática organizan grandes volúmenes de información.
¿De qué manera este reconocimiento proyecta o impulsa tu trabajo como investigador? ¿Abre nuevas preguntas o líneas de investigación que te interese desarrollar?
Este reconocimiento me impulsa a seguir con el programa de investigación que inicié con mi tesis. Lo primero es el libro Hylomorphism and the Categories in Aristotle and Kant: Foundations for a Contemporary Ontology, que saldrá en 2027 en la serie Philosophical Analysis de la editorial alemana De Gruyter. No se trata simplemente de la publicación de mi tesis, sino de una versión revisada: el diálogo entre Aristóteles y Kant sigue en el centro, pero con mayor énfasis en problemas de ontología contemporánea.
Al mismo tiempo, estoy comenzando una nueva etapa, que va de la ontología formal a la ontología aplicada. Por un lado, quiero ampliar el hilemorfismo categorial en diálogo con Husserl y con la metafísica contemporánea, algo en lo que trabajo junto a colegas en el Reino Unido y Alemania.
Por otro, quiero ponerlo a prueba en un terreno muy concreto: la nutrición. Cuando comemos una granada, por ejemplo, ciertas bacterias intestinales transforman algunos de sus compuestos en otros nuevos que el cuerpo puede absorber. Pero no todos tenemos esas bacterias, así que dos personas que comen lo mismo pueden obtener efectos muy distintos. Eso es muy relevante para la medicina de precisión, que busca adaptar las intervenciones a cada persona.
Y lo interesante desde la filosofía es que el resultado no depende del alimento, de las bacterias o del metabolismo por separado, sino de cómo todos ellos se combinan. Los sistemas con que hoy se organiza esta información en biomedicina son muy buenos para describir cada pieza, pero no tanto para captar cómo se relacionan unas con otras. Creo que ahí la filosofía tiene algo que aportar, y ya estoy trabajando en esto con especialistas en nutrición como el Dr. Fabián Lanuza, académico de la Universidad Católica de Temuco.
El premio confirma que hay un interés genuino en la comunidad filosófica por este tipo de trabajo, y es un estímulo enorme para seguir adelante.
Después de este reconocimiento, ¿qué significado personal tiene para ti mirar hacia atrás y evaluar el camino recorrido durante el doctorado?
El doctorado fue un camino largo y, por distintas razones, difícil. Hubo momentos en que dudé de poder llevar a término un proyecto de esta envergadura. Por eso este premio es también, para mí, la confirmación de algo en lo que creo profundamente: aunque los ritmos de la academia actual empujen en otra dirección, la investigación es fruto del tiempo libre, y un proyecto de largo aliento merece la disciplina y la paciencia que exige. Al final, lo que permanece es la calidad del trabajo.
Por último, espero que este reconocimiento sea una señal de que la filosofía que se hace desde Chile y América Latina, aunque muchas veces trabaje con menos recursos, puede dialogar de igual a igual con la gran tradición filosófica europea.